La Creación del Mundo y el Hombre Según la Tradición de los Iroqueses: El Caparazón de la Tortuga


Los Iroqueses: Un Pueblo de Historias y Tradiciones

Los Iroqueses, también conocidos como la Confederación Haudenosaunee o Seis Naciones, son un grupo poderoso y fascinante de tribus nativas americanas que originalmente se asentaron en lo que ahora es el noreste de los Estados Unidos y el sureste de Canadá. Estas tribus, incluyendo a los Mohawk, Oneida, Onondaga, Cayuga, Seneca y Tuscarora, compartieron lenguas similares y creencias espirituales, lo que los llevó a formar una liga política y cultural.

Históricamente, los Iroqueses vivieron en longhouses o largas casas comunitarias y prosperaron gracias a la caza, la pesca y la agricultura, cultivando principalmente maíz, frijoles y calabaza. En la esfera espiritual, sus historias orales transmitidas de generación en generación desempeñaron un papel esencial en la preservación de su cosmovisión, cultura e historia.

El Mito del Caparazón de la Tortuga

En el corazón de la cosmogonía iroquesa se encuentra el evocador mito del caparazón de la tortuga. Esta historia comienza en el cielo, en un mundo celestial donde vivían seres divinos. Una de las figuras centrales en este mundo era Sky Woman o Mujer Celestial. A través de circunstancias misteriosas, esta mujer embarazada cayó del cielo hacia el vasto océano que cubría la Tierra.

A medida que caía, los animales acuáticos se dieron cuenta de su dilema y debatieron cómo ayudarla. Una tortuga, reconociendo la gravedad de la situación, se ofreció a sostener a Sky Woman en su espalda. Otros animales decidieron buscar tierra para crear un lugar donde ella pudiera vivir. El más tenaz de estos animales, el topo, logró traer barro del fondo del océano, que se colocó sobre el caparazón de la tortuga. Con el tiempo, este barro se expandió y se solidificó, formando la Tierra.

La Mujer Celestial dio a luz a dos hijos. Estos gemelos, en historias subsecuentes, representan dualidades: uno es el Hacedor del Bien, creador de todo lo positivo en el mundo, y el otro es el Hacedor del Mal, responsable de los desafíos y adversidades. A través de sus acciones y conflictos, se formaron las montañas, los valles, las estrellas y otros elementos y criaturas del mundo.

Conclusión

La leyenda del caparazón de la tortuga no es solo una historia sobre el origen del mundo; es una reflexión profunda sobre la interdependencia, la colaboración y el balance en la vida. La tortuga, al ofrecer su espalda, destaca la importancia de los sacrificios y la generosidad. Los animales, al trabajar juntos, subrayan el valor de la comunidad y la cooperación.

Para los Iroqueses, la Tierra no es simplemente un entorno inerte; es un ser viviente que nació de actos de compasión y cooperación. Asimismo, la presencia de gemelos divinos destaca la naturaleza dual del mundo: la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la creación y la destrucción.

Esta historia, y otras similares de los Iroqueses, ofrece una ventana a la rica tapeza de creencias y valores de una de las confederaciones indígenas más influentes de América del Norte. Además, nos recuerda que cada cultura tiene sus propias respuestas a las grandes preguntas sobre el origen y el propósito de la vida, respuestas que reflejan sus esperanzas, temores, valores y aspiraciones.

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