La semana santa ¿Vacaciones o Reflexión?


La Semana Santa es una conmemoración cristiana que recuerda los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su pasión, muerte y resurrección. Es una celebración que invita a la reflexión, el arrepentimiento, la conversión y la esperanza en el amor de Dios manifestado en Cristo.

Sin embargo, en muchos lugares del mundo, la Semana Santa ha perdido su sentido religioso y se ha convertido en una ocasión para el ocio, el turismo y el consumo. Muchas personas aprovechan estos días para viajar, descansar, divertirse y olvidarse de sus problemas, sin tener en cuenta el significado profundo de lo que se celebra.

¿Qué hemos perdido al usar la Semana Santa como días de vacaciones y no como recuerdo del sacrificio de Jesús? Hemos perdido varias cosas:

  • Hemos perdido la oportunidad de acompañar a Jesús en su camino al Calvario, de identificarnos con sus sufrimientos, de agradecerle su entrega por nosotros y de unirnos a su cruz para participar de su resurrección. Hemos perdido la ocasión de renovar nuestra fe y nuestra adhesión a Cristo como nuestro Señor y Salvador.
  • Hemos perdido la posibilidad de vivir la comunión con la Iglesia, que celebra estos misterios con solemnidad y devoción. Hemos perdido la ocasión de participar en las celebraciones litúrgicas, especialmente el Triduo Pascual, que es el centro de la vida cristiana. Hemos perdido la oportunidad de recibir los sacramentos, especialmente la confesión y la eucaristía, que nos purifican y nos alimentan.
  • Hemos perdido la capacidad de valorar el don de la vida y el sentido del sacrificio. Hemos perdido la ocasión de ofrecer a Dios nuestras penas y alegrías, nuestros fracasos y éxitos, nuestros pecados y virtudes. Hemos perdido la oportunidad de practicar las obras de misericordia con los más necesitados, especialmente los enfermos, los pobres y los marginados.
  • Hemos perdido la perspectiva de la eternidad y el anhelo del cielo. Hemos perdido la ocasión de prepararnos para nuestra propia muerte y resurrección, confiando en la promesa de Cristo. Hemos perdido la oportunidad de vivir con esperanza y alegría el paso de este mundo al otro, donde nos espera Dios con los brazos abiertos.

Hemos perdido mucho al usar la Semana Santa como días de vacaciones y no como recuerdo del sacrificio de Jesús. Pero no todo está perdido. Todavía estamos a tiempo de recuperar el sentido auténtico de esta celebración, si abrimos nuestro corazón a Dios y le dejamos actuar en nuestra vida. Que esta Semana Santa sea una ocasión para volver a Dios, para amarle más y para servirle mejor.

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